miércoles, 1 de enero de 2014

El Camino

        Aquel homínido caminaba, su paso era cansino, constante. Inevitablemente imposible de detener, como si fuera posible observar físicamente, represetado en aquel homínido, a una fuerza mayor, una energía que se manifestaba corpóreamente en todo lo que la fauna que habitaba en aquel globito de fuego, agua, madera y piedra girando alrededor de aquella estrella; pero que lo tenía a él, ese caminante perenne, como su máxima expresión.
        Caminaba, cruzaba ríos, escalaba montañas, tropezaba, caía, sangraba. Día y noche. Descansaba, comía y caminaba...
        Y esa imagen fue contundente. Lo entendí todo. De eso se trataba.
        La interpretación física del tiempo; esa sensación que produce tratar de comprender que es el tiempo realmente, mas allá de esa forma que inventamos de medirlo. La manifestación metafísica de la vida; el progreso incesante, de la nada al todo. La representación universal de la existencia, un suspiro galáctico, un latido cuántico que contiene TODO, incluso su propio nacimiento, desarrollo y su misma desaparición en la NADA; para volver a comenzar otra vez.
       Me senté en aquella colina, por el destino de sus pasos en aquella arenilla y piedra, supuse que iba a pasar cerca mio para luego desaparecer hacia mi derecha lejos en aquel valle ciclotímico de geografía accidentada, y mas allá la muralla de piedra que supongo buscara pasar, porque llegaría a ella inevitablemente; como todo lo que contiene el tiempo en si mismo. Nadie ha podido detenerlo ni nadie podrá. Se podrá deformar su lineal concepción o percepción, pero cada momento del tiempo es inevitable.
      Me senté en aquella piedra, el apareció en el horizonte a mi izquierda, su paso era cansino, pero constante. Caminaba hacia mi, cruzando arroyos, trepando rocas, trastabillaba y se volvía a incorporar, para no detenerse nunca, siempre seguir. El planeta giraba y la luz de su estrella nos graficaba el pasar del tiempo. Nuestra mente así se entrenó a percivirlo. Ese homínido se acercaba. Mi silencio acobijaba mi espera. Pasó delante mio como si nada, apenas reparó en mi. Sentí la humilde posición que ocupábamos ante el tiempo en el fondo de mi pecho. Observé su espalda alejarse hasta perderlo d vista.
      El homínido siguió caminando, inevitablemente.
      Yo me levanté y me fui, comprendiéndolo Todo

martes, 22 de mayo de 2012

El Hombre Iluminado

Hubo un escritor que ignoro..
Hubo una frase en uno de sus libros..
Hubo una amiga que me las hizo conocer..
Hubo un momento en que quise compartirla con la Inter-nidad (internet, eternidad)..

Hubo un hombre iluninado.. Hubo una risa oscura..

* LLeva en el hombro el emblema del sol y la antorcha que sostiene en la mano derecha simboliza la luz de su propia verdad ganada a duras penas. Es realmente un emperador porque ha roto las cadenas de los represivos condicionamientos y opiniones de la sociedad. Se ha hecho a si mismo abrazando todos los colores del arco iris, surgiendo de las raices oscuras y sin forma de su pasado inconsciente y desarrollando alas para volar en el cielo. Su propia forma de ser es rebelde, no porque este luchando contra alguien o contra algo, sino porque ha descubierto su propia naturaleza verdadera y esta determinado a vivir de acuerdo a ella.
La gente tiene miedo, tiene mucho miedo de aquellos que se conocen a si mismos, ya que tienen un cierto poder, una cierta aura y un cierto magnetismo, un carisma que puede sacar de sus prisiones tradicionales a la gente joven y vital... El hombre iluminado no puede ser esclavizado.. Cada genio que ha conocido algo de lo interior, va a ser, con seguridad, dificil de dominar. Sera una fuerza inquietante. Las masas no quieren que se las moleste aun cuando puedan ser desdichadas. Son infelices pero estan acostumbradas a ello, por lo que cualquiera que no este en su misma situacion se les antojara un extraño.
El hombre iluminado es el extraño mas grande del mundo. Parece como si no perteneciese a nadie. Ninguna organizacion puede confinarlo, ninguna sociedad, ninguna nacion. Nos desafia a ser lo suficientemente valientes como para asumir la responsabilidad de lo que somos y vivir nuestra verdad. Un mensajero entre la tierra y el cielo *


Gracias por esas palabras al hombre que nunca sabre quien es y que escribio un libro que nunca leere, y a la amiga que hizo de nexo entre esas palabras perdidas en un libro perdido y una risa oscura..


martes, 15 de mayo de 2012

Sobre incomprensión, egoismo, discriminación y otras yerbas

         Como si de un tren se tratase, cuando el vagon abre las puertas y uno ingresa , cada estacion que cruza en el recorrido hasta el final suelen graficar esa "eleccion" de vida. No se bien cual es el nombre de la estacion de partida, pero se que pasa por el "miedo", el "egoismo", la "incomprensión". Luego se detiende en "odio" y sale para la estacion "discriminación", "racismo"... pero este viaje siempre termina en "VIOLENCIA"
         Todas las ideas, dogmas, cultos, ritos, distinciones.. distraen o entretienen, siempre y cuando se sepa que todas esas cosas pueden convivir en el TODO.. cuando se usan como motivo de exclusion, separacion, marginacion, o discriminacion, la VIOLENCIA dice PRESENTE.


         Este cuento lo escribi hace bastante y busca plasmar en su medida el pensamiento brevemente hoy expuesto (que ya analizaremos sin tanta ficcion y con mas tiempo). Ojala les guste



LOS LUNATICOS



            Yo no lo puedo creer. Que esto me pase a mí. No puede ser que termine así. No me lo merezco. ¿Y quienes se creen ELLOS que son para hacernos esto a nosotros? ¿Que hicimos mal? ¡¡¡¿¿QUE HICE MAL??!!! ¿Porque me hacen esto?… No me lo merezco, no me lo merezco.

            Casi llorando, casi maldiciendo. Su voz se propagaba rápidamente por el pequeño reducto metálico que era el interior de aquella nave. Maldecía una y otra vez su situación ya inalterable e inevitable. Varios pares de ojos abiertos y mudos, miraban como esas palabras, casi de atropello, los obligaban a oírlas. Afuera el negro paisaje, el infinito paisaje. Y a lo lejos, pero acercándose, la luna. Él, sentado, espera y maldice, una y otra vez.
            La soledad es tan ruda cuando el desconcierto reina en derredor. Una nave repleta de silencio, unos cuerpos inmóviles, y afuera: nada (o todo, según se quiera ver). Las estrellas lejanas lucen igual que vistas desde la Tierra. Las únicas que lucen diferente son ellas dos. La Tierra, cual nunca habían visto desde esta perspectiva, y la Luna, que nunca fue tan grande; nunca fue tan odiada.
            ¿Que  vamos a encontrar allá? ¿Qué vamos a comer? ¿Dónde vamos a dormir? si esta puta nave una vez que nos deje no servirá mas. ¿¿¡¡Que estoy haciendo acá dios santo!!??


            Todo había comenzado a principios del siglo veintiuno, con mucho estupor e intolerancia mundial, pero nadie, igualmente, pudo detenerlo. Fue precisamente en el año 2101 que se decidió hacer público el plan y ejecutarlo sin previo consenso. Fue ese mismo año, que los “LifeSavers” (Con un logo pomposo donde una gran letra “L” multicolor para entrar agradablemente en los ojos de todos) como se hacían llamar ese grupo de políticos, empresarios y religiosos poderosos, en cadena mundial, dio a conocer su “Plan de Limpieza Mundial”. Millones y millones de bocas abiertas observaban y escuchaban.
Instantáneamente el mensaje había terminado en cadena mundial, la gente salió a la calle estupefacta. Quería hablar. Querían comentar esa rara y fea sensación en el centro del pecho. Gritos, susurros, quejas, la gente necesitaba comunicarse con su prójimo ante tal anuncio político. Y fue así q se desencadeno una masa sonora gigante q recorrió el mundo entero cual efecto dominó. Un monstruoso murmullo nació, creció y voló de cada ventana, de cada hogar. Y se hizo una enorme masa. Viajo a través del aire adoptando distintas formas, pero una misma causa. Y de golpe, un murmullo nacido en brasil recibía el empujón del murmullo colombiano, peruano, paraguayo, venezolano. Venían  rumores del norte mejicano, del sur argentino. Todos, en una suerte de marea sonora, cruzaron el océano. Esa "masa sonora" colisionó con un rumor negro azulado en medio del Atlántico y decidieron emigrar, ambos rumores, que ya eran un gran mestizo murmullo, hacia el norte. Recibieron un, algo rubio, algo amarillo, algo pardo cotilleo del este, como una gran bofetada. Que los catapulto, como Tsunami, hacia las mismas costas de Norteamérica. Donde hicieron acople con su desorientado y estupefacto pueblo. Que en una suerte de silenciosa atención, lo escucharon e imitaron a su estilo. Y, en las ventanas de las oficinas de transmicion televisiva donde habían sido emitidas aquellas palabras que anunciaban ese macabro plan, ahora se veían bañadas por un susurro ensordecedor, de mil colores, pero en una misma frecuencia.
Pero nada de eso entorpeció la decisión, nada de eso impidió o hizo retractar a aquella vos chillona y poderosa. Nada de eso pudo lograr que por un segundo, la razón y el sentido común, ese del cual nunca aprendimos nada en las escuelas, tome el poder. Apenas termino su discurso, comenzó la cacería por todos los rincones del mundo. Es que lo habían preparado desde hacia mucho tiempo, estratégicamente. Habían tomado posiciones en el globo terráqueo precisas e infalibles. Habían desarrollado tecnologías especiales, habían concienciado al mundo de lo que ellos querían. Y así lo hicieron.
            El plan era sencillo, toda persona de creencia musulmán iba a ser apresada y luego iba a ser lanzada al espacio, hacia la luna. Donde, con los materiales que se les iban a proveer, realizarían su vida sin molestar a la sociedad. A esta sociedad “pacifica y democrática”. La cacería duró siete meses. El día 11 de septiembre, como en una especie de homenaje sarcástico y cargado de azufre, miles y miles de naves repletas de pieles marrones, turbantes y barbas rizadas; partieron desde distintitas bases aéreas desplegadas por todo el mundo. Miles y miles de estruendos ensordecieron al mundo un poco más. Millones de personas dejaron de prepo sus hogares, para nunca verlos más.
Aunque hubo, fueron pocos los focos de repudio en todo el mundo. Es que era tan colosal la empresa que aplasto a la población entera a sus sillones. Era tan brillante la campaña mediática que encegueció a toda la Tierra desde sus televisores. Era tan fuerte su sonido que los dejo sordos, con un zumbido trepanante en sus sienes. Y así permanecieron, hasta que luego fue historia.
Fue la ostentación de poder más grande jamás lograda hasta ese momento. Y desde su tumba, Ray Bradbury, profeta hermoso que en cada cuento nos invitaba a reflexionar sobre las consecuencias de nuestras acciones de hoy, veía como ese plan diseñado por el “blanco EE.UU.” en su cuento “El otro pie” no era tan ficción como parecía.

Mientras, en la nave que se alejas mas y mas de la Tierra, el pequeño pero "poderoso" hombresito canoso se para, camina un poco para estirar las piernas, y sigue refunfuñando por lo bajo. Escupe a un rincón y luego mira por la ventana ese negro y abotonado sobretodo inmenso. Mira la hora y se pregunta que estarán haciendo allá en el planeta que fue su casa. ¿Seguirá todo igual o será distinto? Mira a sus compañeros de abordo, y observa en sus rostros un fracaso que contagia pesadumbre. Con el rabo entre sus piernas, huye hasta su rincón, donde vuelve a sentarse y a maldecir por lo bajo. La luna quieta y en silencio brilla sin prestarle atención siquiera. La tierra quieta y en silencio, se aleja de ellos, como olvidándolos. La nave surca el espacio abriéndoles una herida, profunda y difícil de cerrar. Cada centímetro que avanzan, sus pechos esgrimen el tajo y la sensación de injusticia. Pregonan la impotencia de lo imprevisto e impensado, de lo que ya no se puede cambiar. Muy por dentro desean que un meteorito los aniquile en mil pedazos. Que esto termine de una vez. Esta agonía punzante e indestructible… “si tan solo un poco de toda esa basura espacial que arrojamos nos diese a toda velocidad”…


Cinco años pasaron del lanzamiento de musulmanes a la luna. Cinco años tardaron en decretar un nuevo viaje. Los ciudadanos burgueses y sumisos del planeta, con el olvido todavía vivo en sus ojos, vieron partir una mañana de abril desde todas las bases europeas y norteamericanas, millones de cohetes repletos de hombres y mujeres; de adultos y chicos. Todo aquel inmigrante ilegal hasta el día de la fecha será literalmente deportado, pero no a su país de origen, sino, precisamente, seria "deportado" a la luna. La vieja luna que había visto llegar esa horda musulmanes cinco años atrás, ahora tendría que aceptar a personas de todos los colores y banderas. De todos los idiomas y todos los gustos. Y la luna siempre, sin chistar ni nada, siguiría en su noche eterna esperándolos. Ese todavía frío abril despidió los cohetes con algunas lágrimas de algunos y mucha indiferencia de los demás “nativos legales”. Se decreto también con pena de muerte al próximo ser humano hallado de residencia ilegal después del envío. Y nadie se quejo. Muy pocos se encargaron de investigar si era cierto que llevaban víveres, materiales para construir viviendas, ropas y demás cosas necesarias para mantenerse vivos allá. Porque, por mas traje espacial que les dieran ¿Qué iban a comer? ¿Dónde iban a dormir? Nadie se sumó a las denuncias de quienes habían podido saber que era todo una mentira. La apatía fue global, tal como “ellos” querían. Silencio, sumisión, obediencia. Y no hubo mas mano de obra barata extranjera, y no hubo más balsas a la mar, y no hubo más familias separadas por la necesidad. Solo hubo tiempo para asimilar que ahora ellos mismos, los nativos, tendrían que hacer el trabajo del de “afuera”. Y empezaron a soportar las humillaciones de sus mismos compatriotas, algo más poderosos; que les pedían cafés, mas lustre a sus zapatos y que les proporcionen los más placenteros deseos y caprichos, por más excéntricos y aberrantes que parezcan. Hubo que bajarse los pantalones ante el compañero de suelo. Se fue aceptando y con ello nacían ya generaciones de sumisos al gobierno de turno del país de turno; y al gobierno logístico e increíblemente exitoso de “The Big L”. En pocas palabras, rendición, casi extrema, mundial.
Pero todavía había cosas que le molestaba al "gran monstruo", algo que todavía le seguía mojando la oreja, algo que le jodia y se le metía por donde no quería y hasta donde no quería. “Pero todavía no estaban preparados para recibirlo”  argumentaban sobre  la sociedad para sus futuros planes de reubicación de la población mundial. Se decidió hacer un envío que gustaría a la mayoría para enseguida, ni bien pisen nuevamente los cohetes la Tierra, hacerlos volver a subir con “ellos”. Por eso que entre los grandes mercaderes y políticos que administraban la Tierra se lo llamo “el uno dos”. El típico golpe del boxeador. El golpe noqueador.
Entonces, en el 2108 partió toda la flota de cohetes disponibles por todas las grandes naciones, rumbo a la luna, con todos los presidiarios de todas las cárceles de todo el planeta. No hubo lugar a reclamo, a revisión de sentencia, ni a ningún tipo de consideración; y con la misma premisa que el viaje anterior: una vez que la poblacion presidiaria de todo el planeta fuera expulsada, toda persona encontrada culpable de delito seria condenada a muerte. Al otro día que se los sacaron de encima, las cárceles fueron demolidas y transformadas en grandes  y lujosos hoteles, grandes y lujosos casinos, y enormes y doradas iglesias. La Tierra nuevamente comenzaba a quedarle grande al ser humano. Era por "la seguridad mundial" que lo hacían, para prevalecer los derechos humanos. Era tan ácido e irónico el discurso que solamente lo podían haber dicho en ese estado de enajenación y dependencia que tenían a todo el mundo. Y, con esa misma sonrisa dijeron, apenas llegaron nuevamente los cohetes, ahora se van los “comunistas”. Y, aunque ya ni Cuba continuaba con dicho sistema socioeconómico, archi enemigo del que “USA” la mayoría; ellos tildaron de comunista a todo aquel que atentase de cualquier manera a su perfecto e inhumano sistema. Y digo inhumando desde el punto de vista de que el sistema, en sí: de producción en masa, de materias primas y energías no renovables (en su mayoría petróleo y minerales de difícil extracción), condenan a la autodestrucción planetaria y a la extinción de muchísimas especies animales, entre ellas la creadora del sistema: el ser humano.
La plebe calló, miró al cielo, vió sus humeantes estelas desaparecer en el infinito cielo y luego continuó haciendo sus cosas cotidianas de cada día. Así de fácil fue y así de fácil seria de ahora en adelante para ellos.


Mirando atontado por su ventanilla el sol lejano pero más gigante que nunca. Todavía no cae de donde esta y ni hacia donde esta yendo, por mas que a cada rato lo repita en cada una de sus maldiciones.
¿Cómo no lo vimos venir? ¿Cómo fue que no los vimos venir? ¿Qué tan dormidos estabamos, que no pensamos que podían hacernos esto? Mira donde estoy dios… no me lo merezco… no me lo merezco..

Luego se fueron los pobres “porque molestaban” dijeron sin tupor siquiera. Y todo indigente, sin techo, o simplemente que no cumpla con sus obligaciones impositivas hacia el gobierno “La Gran L” fue encapsulado y echado del planeta sin siquiera tener ánimos a  protestar. No hubo que irrumpir en sus casas violentamente como había sido anteriormente. Espontáneamente los solicitados fueron a hacer su cola, poner su traje y subir a su cohete. Medio con la ilusión de por ahí en la luna vivir tranquilos. ¿Pero, de que pueden vivir en un lugar donde no hay, ni siquiera, oxigeno? Ellos no protestaron nada, solo firmaron y se fueron. Muy pocos vieron su despegue.
Ni hablar de cuando se fueron los negros, ni cuando echaron a los tontos. Tampoco cuando dijeron que si “todos teníamos los ojos redondos por que ellos lo iban a tener casi cerrados”, y así deportaron a los orientales. “Por una sociedad de iguales” ¿iguales a quien? “Por una sociedad para todos” ¿para cuales todos? Pero nadie dijo mas nada, el silencio se hizo una costumbre, hasta cultural en muchos países. Muchas lenguas fueron desapareciendo. Hubo mucha migración expansionista, había que ocupar esos lugares vacíos alrededor del globo. Hubo pocas banderas en sus países, pocos idiomas en sus bocas, pocos colores en sus pieles, pero mucho silencio en sus ojos, en sus redondos y “normales” ojos. Y fue así que se espero el año 2100, en perfecto y sumiso silencio. La clase empresarial y política, y la típica clase media occidental fueron los únicos testigos de aquella vigilia.  Esa siempre apática clase media dócil y de inservible nivel cultural. Esa odiosa e indiferente sociedad ordinaria, esa hipnotizable persona común. Y su silencio como seña particular, su silencio espeso y contagioso, carente de valentía y muy paciente. Su silencio uniforme, derecho y preestablecido por los grandes titiriteros. Nadie nunca denuncio las masivas muertes que se daban a los nuevamente acusados de delito o de pobreza (ya que el sistema iba creando delincuentes y pobres día a día por su desigual discurso económico)
Esos titiriteros descendientes de sangre y fortunas de abuelos, que heredaron de sus abuelos, y estos de otros abuelos, sangre “real” y fortunas a granel; descendientes directos de aquellos que fundaron la “World Safe Society” o “The Billderberg Club” o “The Forain Council” y que hoy… casi doscientos años después, comía sus frutos con gula y lujuria. De seguro que, si les decían lo que iban a lograr, se lo hubiesen replanteado para ver que más podían sacarle. “Si total es tan fácil, a ver que más podemos sacarle” Esa ambición y avaricia que hoy lucen sus hijos a los cuales, seguramente, envidien desde donde quisiera que estén, es la misma que ellos portaron en el momento de la fundación. Y esta gran sociedad limpiadora, que trajo la pereza mundial, hoy brinda con el mejor champagne, come los mejores manjares y goza de las mejores putas. Con una soberbia natural, que ya no parece pecado, que ya no desata la ira. Ellos festejan y escuchan el silencio exterior y siguen festejando. Y comen de ese silencio, y beben de ese silencio, cogen con ese silencio; y luego, muy de vez en cuando, le regalan algo, para que no se queje y siga siendo silencio. Eternamente.
Pero oculto en ese silencio había algo pertubante. Algo que pregonaba la paciencia troyana, que esbozaba esa sonrisa astuta de la mona lisa; algo tan certero y revolucionario como cuando Darwin nos hizo animales. Afuera, “ellos” cortaban cintas enmoñadas bajo los fogonazos digitales de los reporteros, “ellos” sonreían exageradamente ebrios de poder. Y esa seguridad los llevó a festejar el año 2100 demoliendo toda nave espacial; para demostrarse a sí mismos que tan dominados estaba esa población mundial a los q ellos administraban, que fáciles los llevaban. Tal demostración conllevaba una campaña mediática donde se daba a entender que ya nadie tendría que irse del planeta; y realmente fue el regalo que toda esa población diezmada esperaba en silencio. Solo dejaron una en la “Gran Casa”, su museo de logros personales. A la cual bautizaron “The Big L” en honor al primer nombre que recibió aquel grupo de poderosos y nobles mandatarios, de los cuales ellos habían heredado sangre, dinero, y poder. Con sus ojos tan ciegos por sus flashes, con sus orejas tan sucias por frívolas y  venenosas palabras que oían diariamente, con sus lenguas adormecidas por las chupadas que ejercían  a cada instante en busca de trepar y trepar, con sus narices carcomidas  por las costras de cocaína 100% pura, con sus manos insensibles de contar y contar y contar mas dinero. ¿Cómo poder percibir ese silencio tan perturbador que los asechaba ahí afuera?

Cuando bajó de la limosina y camino esos pocos pasos que le distanciaban de la entrada principal de ese enorme y metálico edifico rectangular, macizo. Como si fuera una gran bóveda del banco más grande del mundo. Sintió que hacia frío esa mañana pero no le dio mucha importancia. Apresuró el paso por que ya sabia que lo esperaban para celebran el centenario de su corporación de administración mundial. Todos sus integrantes aguardaban por él para comenzar dicha celebración opulenta y ostentosa. Pero nunca la vieron venir. Es que la música  victoriosa había afectado tantos sus oídos que nunca pudieron apreciar la textura áspera y punzante de aquel silencio. Lo único que recuerda mientras mira nuevamente esa luna gigante es que cuando alzaron las copas en esa fría mañana del 11 de septiembre del 2111 el aire se esfumo repentinamente de sus labios y desapareció sin dejar rastro de donde hallar aunque sea un poco. Después fue todo negro. Antes de perder totalmente el conocimiento pareció oír el sonido que producían sus plateadas y pesadas piezas de dominó cuando jugaba a ponerlas de pie, crear figuras a su gusto y luego, sutilmente, dejar caer la primera.


La luna ya cubre toda su ventanilla, una alarma chillona y demasiado luminosa advierte que tomen posiciones de aterrizaje. El “clic” de los cinturones de seguridad al unísono produce una frecuencia que retumba y reverbera hasta alcanzar magnitudes extremadamente agudas en aquel plateado cubículo. Luego la voz les solicita que se coloquen el casco lunar para poder respirar en ella hasta llegar a la base, pero, aunque todos se los pusieron, sabían q nunca hubo tal base, ni nunca la habrá.
 La nave comienza a disminuir su velocidad al mismo tiempo que aumenta su forma de vibrar, como a punto de abrirse en dos y arrojarlos a la superficie grisácea de aquel satélite mudo. Cuando pareciese experimentar una suerte de nirvana espacial la nave queda totalmente quieta y en silencio. Decenas de ojos se mueven de un lado para otro sin decir nada. Un chasquido y luego una puerta que se abre. Afuera el paisaje pareciese a una película de Chaplin. Blanco y negro, y mudo. Nadie los esperaba, solo el vacío que los recibió a todos con una simple caricia en el pecho a cada uno. Silencio y vacío. Se miraron nuevamente con los ojos alertas y decidieron bajar. Cuando tocaron aquel arenoso y palidezco suelo lunar comprendieron que así iban a morir, que así iban a desaparecer. Solos y en silencio. Sus bocas que habían experimentado los distintos matices de la amargura con sus champagnes extra brut, con sus mejores cocaínas y drogas de diseño, con sus pijas más grandes y sus conchas más jugosas. Ahora  la sentían o experimentaban de otra forma. Una que no apetecía repetir nunca.
Tragando todavía esa espesa saliva amarga que su boca emanaba en aquel ventoso y árido paisaje moribundo; él se dio media vuelta y sonrió salpicando el visor de su redondo casco casi con intención. Mirando fijo aquella nave muerta de pie frente a él, leyó casi en voz alta “The Big Lunatic´s”.
Su diminuta risa venenosa desapareció entre ese silencioso vacío espacial. El casco amortiguo su sonido. Y el negro paisaje se los devoró en el olvido eterno.


TDL

domingo, 6 de mayo de 2012

El Arbol de la Vida



EL ARBOL DE LA VIDA

Me acosté un instante buscando el sueño reparador que me haga olvidar de todo. Cerré los ojos y  entre sueños vi un árbol iluminado. No sabía cómo ese árbol había llegado ahí, pero ahí, estaba: inmaculado, imponente, pero árbol al fin. Y vi, que de sus ramas brotaban hojas. Estas,  aumentaban su tamaño, cambiaban su forma y color, como si de un progreso se tratase. Luego, las mismas hojas, superado su pico máximo de esplendor, comenzaban a secarse, a perder vigor; y, tambaleantes ante el viento que las azotaban, iban cayendo una tras otra, cerca de las raíces gruesas de aquel mágico árbol. Raíces  que penetraban la tierra de aquel desconocido lugar.

Me enmudeció imaginar lo que sería aquel árbol sin hojas. Más allá de lo relativo de la belleza, supuse que no se vería bien. (Bueno, “bien” no es el término más adecuado, ya que: ¿quién soy yo para juzgar lo q está bien o está mal?… pero en términos subjetivos de belleza, la belleza que proyectaría aquel esquelético ser vivo vegetal rondaría los adjetivos de: “naturaleza muerta”, “tétrico”, “mortecino”, etc.). Y que con el tiempo, terminaría él, con el mismo destino de la última hoja que lo había abandonado, en algún otoño perdido, en los tiempos de los tiempos. Ya que, esas pequeñitas partes del árbol que brotaban, crecían, se desarrollaban para luego ir marchitándose hasta la despedida final; cumplían, desde su porción del TODO, como antenas receptoras de una energía invisible pero latente, convirtiéndose en instrumentos fundamentales para el propio desarrollo y crecimiento del árbol. Una energía vital, intangible, impalpable, efímera en la eternidad del universo

Fue ahí que aprendí que, en una simbiosis solidaria, las hojas necesitaban del árbol para vivir, ya que de el nacían. Como así el árbol necesitaba de ellas para no perecer en el olvido de la NADA, que era de donde había venido. Uno dependía más del otro, pero sin el uno u el otro, ambos estarían condenados a desaparecer.
También me percate de otros factores musicales que interactuaban en la escena cósmica. Factores que escapan a la comprensión de mi intelecto, pero que maravillaban de solo verlos. Porque hubo ratos en que una música en forma de agua y en apasionada emoción, se abalanzaba sobre él, se desplomaba sobre la tierra circundante y se filtraba, bien hacia lo profundo de la misma, hacia dichas raíces sumergidas en el subsuelo del espacio. O también estaba ese silbido, tenue o violento en ocasiones, que solía mecer las ramas y sus hojas habitantes, como arropándolas y deseándoles dulces sueños.  Pero que también servía como ente de sacudón y despertar.

Y fue que de golpe, del árbol, asomó un fruto, tímido, entre unas enormes hojas ejemplares. Otro fruto asomó mas allá, y uno nuevo por acá, y dos más en las hojas del norte. Y más, y más…. Como jugando a la escondida pero al revés, los frutos emergían como burbujas desde el fondo del mar, que ascendían frenéticas  con la única misión de encontrar aire donde desvanecerse. Y el árbol quedaba bello y colorido escondido detrás del manto de hojas, ramas y frutos, como una luz en el medio de la nada, como una voz en la soledad. Hermoso

Pero llego un periodo donde no había esa energía necesaria para el funcionamiento óptimo del árbol. Y las hojas caían en manadas, los frutos se secaban hasta quedar su corazón al cielo, y el árbol; raquítico, tenebroso, soportaba en silencio;  como aguardando que el tiempo renueve sus horas. Porque  ese árbol parecía saber que tarde o temprano esa energía volvería. No hacia más q soportar la desnudez de su humilde condición en silencio, triste, pero con dignidad y con la esperanza del que sabe el final.

Fue ahí que comprendí todo. Y del éxtasis desperté de aquel mágico sueño. Todo eran capas, todo era cíclico, todo guardaba los mismos principios, por mas insignificante que fuese, por más grandioso que fuera. Porque claro, el TODO está en TODO, y todo lo que fuese parte de ese TODO sería como él.
Entonces baje de mi cama, donde todo es “liquidez”, funcionalidad, negocio. Donde las reglas la dicta el poder, y donde el Poder es un vicio mayor que respirar. Donde unos pocos mandan y unos muchos acatan. Donde la especie alcanza su pico máximo de decadencia hasta el punto de someterse al peligro de la extinción.
Desperté en mi siglo, el 21, donde lo barato sale caro y lo caro cuesta una vida. Donde la suerte está casi echada desde la cuna donde uno nace. Donde el rating marca tendencias, y donde pensar suena aburrido.
Apoye los pies en la tierra de los vicios, en la era del egoísmo, para contentar una existencia vacía, equívoca, peligrosa. Donde el fin justifica los medios, y donde vale todo con tal de ganar. Donde la libertad es puro “merchandancing imperialista”, y donde la organización social permite que haya desigualdad entre iguales. Donde para vivir tengo que trabajar para poder recibir un papel con cierto valor virtual que pronto tendré que poner en circulación en un mercado voraz, pagando todo lo que me obligan para subsistir, mientras, esos pocos que crearon ese “anillo de poder, el Uno para dominarlos a todos” juegan a tener más y más. O donde ciertas personas juegan a controlar y canalizar esa energía mágica llamada Fe dentro de nefastas instituciones religiosas que lo único que desean es poder, control, achatamiento de masas y conflictos.
Pise firme el suelo de mi casa, que está en un planeta donde una especie animal  se comporta mas como virus que como su verdadera condición de mamífero. Donde la mentira me llega en forma de imagen audiovisual adornada de mil luces y pirotecnias empaquetadas en una caja llamada televisión. Donde hasta el artista se olvido de hacer arte por el simple amor de hacerlo, para transformarlo en una mercancía de intercambio y en un inflador de su propio monstruo interno llamado “ego”. Donde el ego es todo lo que tengo y lo único que me enseñan a alimentar.  En un mundo donde nadie es enseñado a asumir las consecuencias de sus actos, ni mucho menos a pensar antes de interactuar con otros. Donde todos ignoran que la libertad propia termina en la ajena, y que si quiero al prójimo, me estoy queriéndo a mí mismo, ya que todos juntos jugamos en el mismo equipo.
Me calce y me vestí mientras veía donde estaba realmente. En un planeta hermoso al cual desde la avaricia, el egoísmo y la ambición, estamos fundiendo en una suerte de agonía cancerígena. Donde los inteligentes no son los que dicen ser inteligentes. Donde una imagen vale más que mil palabras y donde la palabra es usada sin reparos del poder que tiene el comunicarse con el otro y lo que puedo influir en él. Donde las mentiras son piadosas, la envidia es sana, donde la violencia vende, o lo correcto es de idiotas, en donde el solidario es un boludo y el garca un vivo. Donde todo en derredor es caótico y las sonrisas cotidianas son a cuenta gotas
Me peiné y me perfumé entre toda esa mierda que me rodeaba y me amargaba y me hacia desear no haber venido a este mundo en esta época. Donde te enseñan que es utópico pensar en poder desarticular la maquinaria que hace funcionar este maldito sistema de organización social mezquino. Donde no te dejan soñar pero te mantienen adormecido, donde nunca se incentiva a pensar. Un lugar donde es más importante acumular dinero antes que sabiduría
Cuando abrí la puerta de mi casa, y salí, me di cuenta que igual sonreía en silencio. Porque comprendí que soy como aquella hoja del árbol mágico que se ilumino en mi sueño. Que tengo un ciclo aquí en vida que cumplir para alimentar a ese árbol llamado vida… y que como todo ciclo, toda esta basura de existencia que me toca vivir a mí, algún día cambiará, y otras hojas podrán disfrutar de la energía vital. Esa que hoy brilla por su ausencia, y bien que hace…



TDL

martes, 1 de mayo de 2012

Pequeño Cuento: "El amigo imaginario"



Parado ahí, en el umbral de su habitación, en silencio, sin que ella se diera cuenta de mi presencia espía; yo, uno de los dueños de su creación, la observaba jugar. Mi hija era hermosa como todo padre puede apreciar una hija, con sus 7 añitos lumínicos, inmaculados, puros. Era una bomba de alegría, un caramelo de pura dulzura, su voz mágica y finita dibujaba burbujas y melodías en mi mente con una paz tan grande que a veces me encantaba escucharla para refugiarme en su canto de sirena.

 Ella, ahí sentada en su mesita, jugaba y hablaba sola; bueno, no tan sola. Hacía más de un año que había “aparecido” en nuestra casa un amigo imaginario. Al principio me resulto divertido, chistoso… “cosa de chicos”, como solemos justificar muchas cosas los adultos. Pero con el correr del tiempo me fui cansando de él. Mas cuando observaba que a veces ella lo usaba de “chivo expiatorio” para sus travesuras. O cuando ella lo consultaba para que este ente imaginario le diera algún consejo. Y odiaba verla agradecerle por dichos consejos (que todos sabemos que ella misma se daba) cuando estos resultaban positivos en su experiencia de vida. Llegue a retarla, a gritarle, a castigarla; pero nada cambiaba…

Y me había entregado a la tristeza y la desidia de no poder cambiar ese habito que ella había adquirido de la nada. ¿Tal vez se lo copio a alguna compañerita del colegio? Siempre que la oía hablándole sentía hasta vergüenza ajena, una vergüenza obscena y rabiosa. Como si un volcán haya anidado en mi estomago y por cada palabra suya hacia “él”, mi volcán interior escupía lava con sabor a bilis. Me sentía fracasado como padre. Me había deslomado por darle todo lo que necesitara y más. Alentaba sus logros y su propio crecimiento en la vida con gustos o premios. Trataba de darle pocos caprichos injustificados para una niña de su edad, pero lo tenía TODO. Su propia habitación amplia, juguetes por doquier, su propia computadora con su conexión a internet correspondiente para los días de hoy, equipo de música. La había inscripto en el mejor colegio de la zona. Tenía muchísimas amigas. Nos tenía a nosotros. Pero cada vez que me encontraba con esta escena mi cabeza pitaba como una olla a presión. Y me veía sumergido en un pantano de preguntas: ¿Por qué? O mejor dicho: ¿para que necesitaba un amigo imaginario con todo lo que le dábamos, con todo lo que tenía? ¿Dios mío, en que he fallado? ¿Acaso no le di todo lo que tengo, todo lo que sé, para que ella viva en plenitud? ¿Por qué lo necesitaba a Él? ¿Será, tal vez, que recurría a él como una necesidad de compartir con alguien sus pequeñas vicisitudes? Podría hacerlo con mamá o conmigo… ¿o era acaso que los miedos que surgían al crecer, física y conscientemente, la acorralaban y la ahogaba? ¿Y ese ser de ninguna dimensión le proporcionaba una catarsis acorde a una niña de su edad? ¿¡¡Por qué me hace esto, dios!!? ¿Se siente sola tal vez? ¿Está loca quizás?

Y me había dejado arrastrar por la depresión de la incomprensión a las costas del llanto en silencio. En mi pecho, la voz del vacío succionaba mi alma hacia el negro más allá. Como si mil de esas pequeñitas manos, como las de mi estrellita princesa, me abrieran la piel del pecho, separasen mi esternón y me arrancasen el corazón; latiendo sus últimos latidos involuntarios delante de mis ojos. Ay dios, diosito mío…

Como si de una campana celestial se tratara, mi cabeza hizo “Dong”, y no lo dude un instante. Cerré mis labios fuertemente, seque la comisura de mis ojos, respiré profundo por la nariz; y entre en ese palacio mágico que era su habitación.

Estaba sentadita en su mesa. Sobre ella había algunos dibujos que ella había hecho con esas manitos suaves, finitas; como replicas miniatura de las manos más puras que alguna vez hayan manipulado algo sobre la faz de la Tierra. Ella señalaba partes de los dibujos y los comentaba con la “nada” que habitaba en la silla que se encontraba a su derecha. Esa nada me fastidiaba, quería estrangularla y hacerla desaparecer. ¿Acaso, diosito, eran simples celos míos por un ser que no existe y que me roba la atención y la complicidad de mi amada hijita?... esa hipótesis la ponderaba una y otra vez y siempre concluía que era imposible, y realmente lo era. Porque mi furia no era germinada en las tierras de los celos, porque mi ira no brotaba de los canteros del egoísmo. Ay dios, diosito mío… El sol, mientras tanto, haciéndose el tonto, en silencio, se había colado por aquella ventana redondita, y jugaba sobre el rostro de mi nena. En silencio, esa sublime postal me ha dejado. En silencio, estupefacto, era hermosa, y el brillo del sol sobre su piel encandilaba hasta el ciego más tuerto.
Cuando logre escurrirme de esa epifanía, me sentí aturdido y perdido, casi ni recordaba porque estaba sentado ahí, escuchándola hablarle a él sobre sus dibujos; a ÉL… el volcán soltó su dosis de bilis que supe retener en mi garganta.

-          ¿estrellita, mi amor, con quien hablas?
-          Ay papi… ¿Cómo con quien? Con mi amigo, ¿o acaso no lo ves?
-          No mi vida, no veo nada, porque no hay nada en esa silla que me estas señalando
-          ¡¿nada?! ¿no ves que est...
-          ¡No hay nada ahí estrellita! ¡BASTA! Quiero que pares con todo esto, me hace mal verte así…
-          Pero papa, ¿“así” como? ¿Qué hice de malo?
-          No es que hayas hecho algo malo bebe. Pero me da mucha pena que le dediques todo tu tiempo, todos tus sueños, todos tus logros, todo todo todo a un ser que no existe, que es producto de tu cabecita y solamente de ella es. Mira… ay dios, diosito, pon en mi boca las palabras correctas para que ella pueda comprenderme  vos sabes que mama y yo te amamos con locura, sos lo más lindo que nos paso en la vida y cada día que pasa y te vemos crecer nos enamorás mas y mas. Pero desde que apareció ese ser imaginario amigo tuyo, nos encontramos con que vos perdiste toda esa voluntad propia que siempre tuviste. Todos tus logros en la escuela, en tu vida diaria, en tu crecimiento parecieran, por como lo expresas, que son solo responsabilidad de ese “amiguito” tuyo. Tus miedos, tus temores, tus dudas y todo lo que te aqueja, tus vicisitudes personales, tus conductas no deseadas, tus equivocaciones, quedan a merced de que ese amiguito pueda solucionarlo todo, explicártelo todo. Tus deseos, anhelos, fantasías quedan supeditadas a la voluntad y gracia de que este muchachito invisible se digne a realizarlas… no es así mi amor, no debería ser así.
-          ¿Por qué? El me ayuda y me escucha y esta siempre conmigo a cada instante.
-          El es solo producto de tu cabecita y estará donde tu cabecita quiera que este… ay dios, diosito mío dame fuerzas para poder hacerla entrar en razón Lo que pasa estrellita del cielo, es que vos estas vaciándote
-          ¡¿vaciándome?!
-          Je je je si bebe, dejame que te explique: imaginemos que vos sos un gran jarro vacio, vacío desde q naciste. La vida pasa, vas creciendo y vas llenando esa jarra con tus vivencias, experiencias, dudas, certezas, alegrías, tristezas, éxitos y frustraciones. Ese “material” con el que te irás llenando van a forjar tu personalidad y por consecuencia, tu voluntad de vida. Y será tan fuerte que te hará un ser humano hecho y derecho, por así decir… Ahora, ¿qué pasa si todo lo que vos vivís lo vivís a través de otro? ¿Qué pasa si todas tus experiencias buenas y malas son gracia o culpa de otro, encima siendo ese “otro” un ser imaginario al cual no podemos discutir ni confrontar? Tu jarra permanecerá vacía mi amor, todo será gracia a ÉL. Vos vivirás a su merced, tu personalidad será dependiente completamente del producto de tu propia imaginación, tu voluntad personal será nula. Estarás vacía de alma. Y ese ser imaginario ira adquiriendo una entidad y fuerza que pronto superará a la humana y será difícil escapar: se alimentará de tus logros y experiencias, te someterá con tus deseos o anhelos, te condenará por tus malas acciones y frustraciones… su voluntad será tan fuerte que pronto vivirás en torno a sus caprichos. Y el caos será rey de tu vida sumida al debatir de un ser que nació y que puede desaparecer, solo si tu voluntad se fortalece y le pide a tu mente que lo haga. es hora de soltarle la mano, es hora de crecer, es hora de vivir la vida únicamente por vos misma, apoyándote en los seres queridos de carne y hueso que nunca serán más que vos mi amor.

Sentí el aire entrando en mi pecho, sentí sus ojitos mirándome con una atención que quemaba, sentí el alivio que se siente cuando uno sabe que dio lo mejor de sí por una causa noble y común. Gracias diosito mío por darme la claridad al hablar, por mi boca fluyeron tus palabras.

-          Así que ya sabes bebe, diséñate tu propio camino, sin miedos, ni temores. Los errores tiene que estar para poder corregirlos. Las caídas van a ayudarnos a aprender a levantarnos las veces que haga falta. Nunca dudes en consultar a tu mamá o papá en cualquier cosa que necesites saber o expresar. Y ¡viví!... la vida es y será siempre tuya.
-          Está bien papi…
-          Bebita mía, mirá que no te estoy retando… no me hagas ese pucherito y dame un rico abrazo. Que el papi se lo ha ganado. Gracias Diosito por esta nena tan linda que me diste.

Mientras nos abrazábamos solté ese agradecimiento a Dios en voz alta, por la euforia que sentía a ver ese amor y respeto que me tenía esa nena en su mirada. Ella me abrazo tan fuerte que fue como una gran recarga de energía vital, pero de golpe sentí que ella soltaba el abrazo y su mirada buscaba mi mirada. La observé mirándome fijo y me dijo:

-          ¿Pa? ¿Quién es Dios?
-          ¿Cómo “quien es Dios”?. Dios es…


Y fue como un viento huracanado dentro de mí ser. Un rayo en la soledad nocturna. Una maraña de torbellinos divirtiéndose, un carrusel vertiginoso de fotos, una puerta que se abre lentamente de una habitación nunca antes visitada y donde extraños sonidos provienen de la misma… y me quede mudo, mirando esa silla vacía a la derecha de mi princesa, que el sol tímido iluminaba desde esa ventanita. No supe decir nada más.



El hombre se sintió frente al espejo de su vida, la de todas las vidas. Como explicarle a su hija que era Dios, sin dejarlo expuesto como “nuestro” amigo invisible. Se sintió tan infantil como ella. 
Y así, de golpe, comenzó a ver a todos los que lo rodeaban. Vio a la humanidad postrada ante Él en toda la historia del hombre. Vio a esos primeros homínidos aterrorizados por esa nueva capacidad que iban desarrollando: la consciencia, que en cada paso que daba pisaba un mar de dudas existenciales. Las primeras entidades deidades eran simples “compañeros de vida” como el Sol, la Luna, las Estrellas, el Fuego, el Mar, la Lluvia, etc. Pero hubo un momento en que el hombre diseño un alter ego Omnipresente, Omnisciente, Omnipotente. Un amo y señor de Todas las voluntades. Un apropiador de todas las buenas acciones, las grandes ideas, y hasta de los pequeños gestos. Un ser humano fuera de control.
El hombre se sintió igual que aquel primer hombre que, sin saber bien porque, necesitó crearlo, hablarle, pedirle… Sintió esa vergüenza obscena y rabiosa, pero que ya no era ajena; era bien propia.
El hombre se quedo en silencio junto a su hija. Recibiendo el baño de aquel sol que pronto fue dirigiendo su mirada hacia ellos dos, que en silencio, habitaban ese cuarto.




TDL